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www.nationalgeographic.com.es - Últimas noticias

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  • «El mayor neumático que se ha fabricado nunca recorrerá un continente desierto», apuntaba el pie de esta foto, tomada en Akron (Ohio), cerca de la sede central de Goodyear, y publicada en el número de febrero de 1940 de la Geographic. El neumático en cuestión, de tres metros de diámetro y más de 300 kilos de peso, se fabricó para el Antarctic Snow Cruiser, un enorme vehículo diseñado para operar sobre la nieve y construido especialmente para la expedición a la Antártida de 1939-1941 del almirante Richard Byrd. Sin embargo, el vehículo empezó a dar problemas incluso antes de salir de Estados Unidos, y en la Antártida no tuvo mucho recorrido. El plan era conducirlo desde Chicago hasta el puerto de Boston y allí embarcarlo rumbo al sur, donde aguardaba Byrd. Entre otros contratiempos a lo largo del trayecto por carretera, quedó atascado durante tres días en un arroyo de Ohio, y en Erie (Pennsylvania) tuvieron que cambiar dos motores. Una vez en la Antártida, las cosas fueron todavía peor. Primero se estrelló contra la rampa de descarga. Luego, el enorme peso de la máquina hizo que las ruedas se hundieran profundamente en la nieve. En un par de meses los hombres de Byrd abandonaron el vehículo, que acabó sepultado bajo la nieve. En 1958 una expedición llegó a verlo, pero desde entonces ha vuelto a desaparecer.

  • Ver esta publicación en Instagram Este finde con @lavanguardia, cómprate tu #carpanta . #lecturadecomics con @megustaleercomics Una publicación compartida de Zipi y Zape (@zipiyzape_theoriginal) el 10 Oct, 2019 a las 4:27 PDT José Escobar fue elcreador entre otros personajes del siempre hambriento Carpanta, de los traviesos gemelos Zipi y Zape y de la "servil" Petra, nació el 22 de octubre de 1908 en Barcelona. Convertido en un cronista de excepción, en su viñetas, Escobar reflejó como nadie la sociedad española de posguerra: el hambre, la lucha contra la censura o la rigidez educativa, realizando infinidad de guiños contra el fascismo que escondía con gran habilidad en sus viñetas. Ejemplo de ello es su cómic El tonel del tiempo, en el que sus protagonistas, Zipi y Zape, llegan a la antigua Roma y un romano saluda al César con el brazo en alto y éste le dice que puede bajarlo que no llueve. Teatro y primeras colaboraciones Durante la primera guerra mundial, cuando contaba con seis o siete años, José Escobar se trasladó junto con su familia a la vecina localidad de Granollers, donde su padre había sido destinado como funcionario de Correos. Un tío suyo que había vivido en La Habana se fijó en las capacidades del muchacho, que era muy aficionado al dibujo, y se propuso que el joven se convirtiera en arquitecto. Pero a pesar de los esfuerzos de su tío, Escobar suspendió el segundo curso y encontró un trabajo en la delegación de la Tabacalera en Granollers, donde adquiriría el vicio de fumar que le acompañaría toda su vida. Posteriormente entró a trabajar en una farmacia y a los 14 años era repartidor de Telégrafos. En 1925 aprobó unas oposiciones a Correos, llegando a ser interventor en la estafeta de Granollers en 1926. En los años veinte, y simultaneando su trabajo en correos, Escobar se unió a una compañía de teatro aficionado y en la década de 1930 colaboró en varias revistas como Papitu, Pichila y TBO. Un caricaturista "travieso" Al finalizar la Guerra Civil, Escobar fue "depurado" por sus ideas republicanas, despedido de Correos y juzgado por trabajar como dibujante en un semanario satírico llamado L'Esquella de la Torratxa. El fiscal se hizo un lío: creyó que dibujar en L'Esquella de la Torratxa era como ser de la Torrassa, un barrio barcelonés conocido por ser un reducto de simpatizantes de la FAI (Federación Anarquista Ibérica). Escobar fue condenado a seis años y un día, pero salió de la cárcel al cabo de un año y medio. Como él mismo contaba:"En la cárcel me pusieron en la sección de paquetería, situación que daba derecho a ir por todas las galerías. Yo iba con una carpeta, y aprovechaba esta movilidad para hacer caricaturas a quien le interesaba, que cobraba a tres pesetas a una sola tinta y a cinco las que hacía en color". Estos dibujos no iban firmados con su nombre, sino con el pseudónimo de Rebec (en catalán, travieso). El fiscal condenó a Escobar a seis años de prisión al creer que simpatizaba con la FAI (Federación Anarquista Ibérica) cuando en realidad sólo dibujaba para el semanario satírico L'Esquella de la Torratxa José Escobar se mantuvo alejado del mundo de la historieta hasta los años cuarenta, momento en que reapareció para colaborar en revistas como Leyendas Infantiles y Aventurero, además, en estos años realizó ilustraciones infantiles para la editorial Bruguera. El nacimiento de Zipi y Zape y del Cine Skob Tras la reaparición de la revista Pulgarcito en 1947, Escobar entró a formar parte como colaborador en la revista. En esta publicación creó algunos de sus personajes más famosos como los gemelos Zipi y Zape, y el eterno hambriento Carpanta, símbolo de las penurias económicas de la posguerra española. En 1942 patentó un invento al que llamó Cine Skob. Su nombre era un apócope de su apellido "Escobar" y consistía en un proyector bastante simple que proyectaba películas infantiles en papel. Durante los años cincuenta creó otras series de humor como Doña Tula, suegra (1951), la cual fue censurada por atentar contra la indivisibilidad del matrimonio y en 1954 creó la tira Petra, criada para todo. Paralelamente a su actividad en las revistas de la editorial Bruguera, Escobar también colaboró en semanarios deportivos como Dicen y Lean, y también en los madrileños Gutierrez, Don José, Cucu y Teleradio. En 1953 ideó además unos cursos por correspondencia para aprender a dibujar. Además de crear a Zipi y Zape, Carpanta y otros personajes que se harían famosos, Escobar inventó el Cine Skob, un proyector bastante simple que proyectaba películas infantiles en papel Prolífico dibujante y dramaturgo En 1957, junto con otros dibujantes de Bruguera, Escobar participó en la fundación de una editorial independiente que publicaría la revista Tío Vivo. Aquí, Escobar publicó sus famosas series Blasa, portera de su casa; El mago Assieres; El profesor Tenebro, y Doña Tomasa, con fruición, va y alquila su mansión. El experimentó fracasó y Tio Vivo fue al final absorbida por Bruguera, con lo que, paradójicamente, Escobar volvió a trabajar para la editorial barcelonesa, donde continuó creando nuevos personajes, entre los que destacan Filomeno y su taxi, Genovevo, Don Óptimo y Don Pésimo y Plim el Magno. Sin embargo, paralelamente a su trabajo en la editorial, Escobar dedicó la mayor parte de su tiempo a desarrollar las aventuras de sus personajes de mayor éxito, Zipi y Zape, los cuales llegaron a tener revista propia en 1971, además de las del inefable Carpanta. Escobar también escribió varias obras teatrales exitosas como Ensayo general, Rapto a las seis y media y La otra cara de la luna, la cual recibiría el premio Lluís Masriera de teatro aficionado en 1965. Tras el experimento fracasado de crear una editorial independiente donde nacieron Blasa, portera de su casa, El mago Assieres, El profesor Tenebro y Doña Tomasa, con fruición, va y alquila su mansión, Escobar regresó a Bruguera A sus 80 años, Escobar todavía seguía trabajando en las historietas de Zipi y Zape, personajes que ya habían cumplido los 40 años de edad. José Escobar no creía que Zipi y Zape se hubieran quedado anticuados, y consideraba que los niños podían seguir identificándose con ellos porque, en sus propias palabras, "comparten los mismos problemas" generación tras generación. Escobar afirmaba que "el secreto de hacer historietas de humor reside en que tengan un comienzo bueno y un final mejor, de carácter cómico", y siempre consideró que sus personajes era verdaderos antihéroes, "ya que, a pesar de las buenas intenciones que albergan, las cosas les suelen salir mal". La muerte de un cronista A principios del año 1994, Escobar fue ingresado en una residencia para ancianos tras sufrir una embolia y padecer demencia senil. Tras su muerte el 31 de marzo de ese mismo año, José Escobar, el gran cronista de la posguerra, dejó un legado que ha llegado hasta nuestros días con expresiones tan icónicas como ¡Cronch! ¡Plas! o ¡Sapristi!, y que en una época gris, en la que la mayor parte de los españoles tenían poco más que un mendrugo de pan que llevarse a la boca, supo disfrazar de humor su crítica demoledora sobre la terrible situación que se vivía en España. Escobar nos mostró, a través de sus viñetas, la España de la posguerra, donde la mayor parte de los españoles tenían poco más que un mendrugo de pan que llevarse a la boca

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