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Prueba Libre Graduado En Secundaria

relojdearenarotoPRUEBAS PARA LA OBTENCIÓN DEL TÍTULO DE GRADUADO EN EDUCACIÓN SECUNDARIA OBLIGATORIA PARA MAYORES DE DIECIOCHO AÑOS

1. Para el año 2014, las fechas de realización de las pruebas para la obtención del título de Graduado en Educación Secundaria Obligatoria para mayores de dieciocho años serán las siguientes:

     a. Convocatoria de abril: sábado, 26 de abril.

     b. Convocatoria de junio: sábado, 28 de junio.

2. El plazo de presentación de solicitudes para la convocatoria de abril es el comprendido entre el 1 y el 15 de febrero, ambos incluidos.

 

3. El plazo de presentación de solicitudes para la convocatoria de junio será el comprendido entre el 28 de abril y el 21 de mayo, ambos incluidos.

 

     La solicitud de inscripción se puede realizar por vía telemática a través de la web de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte si la persona solicitante dispone de certificado digital en vigor.

 

     En caso de no disponer de dicho certificado digital, se puede realizar la cumplimentación de todos los datos necesarios rellenando el formulario que se habilitará a través de la web de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte y en el Portal de Educación Permanente. La solicitud de inscripción sólo quedará formalizada cuando se entregue en la Delegación Territorial de Educación, Cultura y Deporte de la provincia en la que se desee realizar la prueba.

     Para más información sobre la prueba: listas, modelos de convocatorias anteriores, material de apoyo, etc... PINCHA EN ESTE ENLACE.

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  • El primer dispositivo mecánico dedicado al cálculo surgió a raíz del trabajo tedioso y rutinario que realizaban los astrónomos mientras rellenaban tablas interminables con las posiciones de los diferentes cuerpos celestes. Quienes se dedicaban a estas tareas ya estaban familiarizados con el uso de diversos instrumentos, como el astrolabio, empleado para la determinación de la longitud y la latitud de los astros, así como de la hora, entre otros usos. Para facilitar la realización de las operaciones que se llevaban a cabo manualmente también existían los ábacos y los "huesos de Napier", un dispositivo creado por el matemático escocés John Napier a principios del siglo XVII. Pero todos exigían un dominio elemental del cálculo y una intervención continua de la persona que lo manejaba. Ninguno disponía de un mecanismo autónomo para resolver operaciones aritméticas. Fue en 1623 cuando Wilhelm Schickard (1592-1635), un profesor de Lengua Hebrea y posteriormente de Astronomía en la Universidad de Tubinga (Alemania), propuso por primera vez ese mecanismo. Schickard era también un experimentado mecánico y grabador, destrezas que le permitieron idear el llamado reloj calculador, o Rechenuhr. Su diseño se conoció tan sólo en el siglo XX, cuando apareció casualmente, en la correspondencia del conocido astrónomo Johannes Kepler, un dibujo empleado por éste como separador en sus Tablas Rudolfinas (1627), su nuevo catálogo estelar. A partir de este esquema se ha intentado reconstruir y explicar el diseño y el funcionamiento de la propuesta de Schickard. El diseño de la calculadora de Sickard se encontró en un dibujo entre la correspondencia de Johannes Kepler Schickard y Kepler tenían intereses comunes, sobre todo los relativos a las técnicas de cálculo. Parece que éste fue uno de los temas de conversación cuando coincidieron en Alemania. Al separarse, Schickard se centró en el diseño de su reloj calculadora. En 1623 escribió entusiasmado una carta a Kepler en la que le decía: "Lo que has hecho por medio del cálculo yo lo he intentado por medio de la mecánica. He concebido una máquina consistente en una serie de once ruedas dentadas completas y seis incompletas. Realiza cálculos instantánea y automáticamente a partir de los números provistos, pudiendo sumar, restar, multiplicar y dividir". En 1624, Schickard informaba de nuevo al astrónomo sobre los detalles de su invento y le enviaba algunos dibujos, de los que sólo se ha localizado el ya citado. Ruedas y engranajes Según esos apuntes, el reloj calculadora estaba compuesta de dos partes. En la parte superior, mediante unas varillas que se movían horizontalmente, se reproducía el sistema de Napier para resolver las multiplicaciones, divisiones y raíces. En la parte inferior se alojaba el procedimiento ya completamente mecanizado por el que se solucionaban las cadenas de sumas y restas que se iban generando. Hay que tener en cuenta que con el método de Napier, si se multiplicaba un número por otro que contuviera tres cifras, se obtenían, una vez elegidas las varillas y leído los resultados, tres números cuya suma había que realizar por los procedimientos normales, sin ayuda. Esto es precisamente lo que el modelo de Schickard resolvía mecánicamente. Básicamente, este procedimiento permitía disponer de un sistema para registrar "lo que se lleva" al realizar una suma. Usando diferentes ruedas y engranajes, cuando, por ejemplo, se sumaba 7 y 8, el resultado, que es 5 y 10, debía reflejarse con un 5 en la primera unidad y un 1 en la segunda unidad. Así, cuando la primera rueda dentada daba una vuelta completa, pasaba de 0, 1, 2... a 0, la segunda (correspondiente a las decenas) daba un paso y se movía sólo un diente. El proceso se complicaba cuando se pasaba a las centenas, después a las unidades de millar, etc. Según la correspondencia, Schickard construyó un modelo de prueba, pero éste se debió de perder en un incendio. Su apariencia sólo se ha conocido por una réplica llevada a cabo en 1960. Hasta 1642, cuando el filósofo y matemático Blaise Pascal diseñó y supervisó la elaboración de su "pascalina", no se realizó la primera máquina de cálculo cuyo original se ha conservado. Aunque se crearon varios prototipos, no pasó de la fase de ensayo y autopromoción, pues el dispositivo sufría disfuncionalidades que la hacían inviable en la práctica. Estos intentos no fueron inútiles, sino contribuciones esenciales a las innovaciones tecnológicas. Con todo, hubo que esperar a 1851 para que Thomas de Colmar creara la primera calculadora con un uso práctico y diario.

  • Para algunos eran las "bestias de las nieves", que infundían pavor cuando salían en estampida. Para otros, gigantes que garantizaron la supervivencia humana. Y hay quien sueña con "resucitarlos". Son los mamuts, los grandes elefantes lanudos que convivieron con diferentes especies de humanos hasta desaparecer hace apenas 3.800 años. Estos enormes herbívoros de origen africano colonizaron el continente euroasiático durante casi cuatro millones de años. Sus antepasados eran los elefantes, que se adaptaron al frío de la Edad de Hielo como hicieron más tarde los humanos primitivos con los que convivieron, también originarios de África. La antigua relación entre unos y otros queda patente en los restos fosilizados de un cementerio de mamuts en Orce (Granada) excavado por el paleontólogo Bienvenido Martínez-Navarro. Se sabe que aquellos paquidermos iban a morir allí, lo que al parecer aprovecharon los homínidos hace 1,4 millones de años para conseguir su carne, como sus antepasados ya habían hecho en África con los elefantes. Dadas sus dimensiones –podían pesar ocho toneladas y medir más de cinco metros de alto–, su caza debía de ser complicada, por lo que los humanos aprovecharían la carne de ejemplares muertos, o bien de crías o de individuos débiles o enfermos. Cementerios de mamuts En el Paleolítico Medio, los mamuts se habrían convertido en un recurso gastronómico habitual para preneandertales y neandertales. Así lo demuestran yacimientos como los situados en los cursos medio y bajo de los ríos Manzanares y Jarama y en las cercanías de Torralba y Ambrona (Soria). En Madrid, el cerro de San Isidro acogía tal acumulación de huesos que en el siglo XIX se pensó que pertenecían a los elefantes con los que Aníbal cruzó los Alpes. La relación entre homínidos y paquidermos fue tan profunda que algunos investigadores hablan de "etno-elefantología". Joaquín Panera, arqueólogo del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana y codirector en los yacimientos de Torralba y Ambrona, apunta que los proboscídeos tienen conciencia de sí mismos y una gran memoria, elaboran complejos mapas mentales y controlan el territorio. Así, por ejemplo, pueden encontrar agua cuando hay sequía, de manera que es muy probable que los humanos supieran que seguirles les llevaría a lugares interesantes en regiones que desconocían. Pese a esta aparente alianza, los humanos practicaron la caza del mamut para aprovechar su carne. En Getafe, cerca de Madrid, se han localizado los restos de un banquete neandertal de hace 84.000 años: 82 fósiles de mamut y 754 herramientas con las que trocearon su carne y machacaron los huesos en busca de la médula. Los neandertales fueron grandes consumidores de carne de mamut y rinoceronte lanudo, que llegó a suponer el 80 por ciento de su dieta. En Siberia se halló una punta de lanza musteriense (de hace unos 40.000 años) clavada en una vértebra de mamut, y restos fósiles con heridas mortales, prueba evidente de su caza. No se conocen con certeza las estrategias de caza que se empleaban. Hace unos años, en la isla de Jersey (hoy frente a la costa de Normandía, pero unida al continente durante el Paleolítico) apareció una gran acumulación de huesos de mamut, lo que hizo pensar que los humanos los acosaban hasta lograr que se despeñasen por un precipicio. Esta tesis se ha repetido hasta la saciedad, pero nuevos estudios indican que tal vez dicha acumulación sea natural. Con la llegada del Homo sapiens, la caza del mamut se extendió, pero tampoco hay evidencias suficientes sobre las técnicas de caza. El declive del mamut comenzó hace unos 21.000 años. Su baja tasa de reproducción no favorecía su supervivencia –el período de gestación alcanzaba los 22 meses– y su desaparición definitiva pudo estar provocada por la caza, el aumento de las temperaturas o alguna enfermedad o mutación; o quizá por una mezcla de todo ello. Adornos y pinturas La imagen del mamut ha quedado inmortalizada en numerosas obras de arte que muestran su conexión con los humanos. Se conservan muchas figurillas y adornos elaborados con su marfil –como la talla del Hombre-León de Ulm, de hace 40.000 años–, así como múltiples representaciones parietales, como las de la cueva francesa de Rouffignac, con más de cien mamuts pintados, y, en el Cantábrico, las cuevas de El Pindal o El Castillo. Sus grandes huesos también se utilizaron para construir cabañas durante el Paleolítico Superior, como las halladas en Rusia, Ucrania y Polonia. En los últimos años, el hallazgo en la tundra siberiana de ADN de mamut bien conservado ha dado pie a hablar de una posible clonación de estos animales mediante técnicas que usan genes de elefante asiático. Pero, de momento, la resurrección de estos gigantes sigue siendo una quimera.

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